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</html><thumbnail_url>https://www.ane-nie.com/files/uploads/2025/03/8483-Portada El Placer.jpg</thumbnail_url><thumbnail_width>616</thumbnail_width><thumbnail_height>976</thumbnail_height><description>Se equivocaba, afortunadamente, nuestro amigo Amador Palacios en el pr&#xF3;logo a Los prodigios del amor, la obra po&#xE9;tica que Jorge dio a conocer tras Los trabajos de la muerte, al suponer que su autor quiz&#xE1; no a&#xF1;adir&#xED;a m&#xE1;s t&#xED;tulos a tan perfecto d&#xED;ptico, habiendo de-jado ya tan claramente expuestas en dichos vol&#xFA;menes las dos ca-ras de esa misma y misteriosa realidad ante la que, inevitablemen-te, hemos de posicionarnos todos durante nuestro fugaz paso por el mundo. Sabemos que ha de llegar el d&#xED;a y la hora en que dejaremos de existir. Por m&#xE1;s que hayamos cre&#xED;do experimentar en algunas oca-siones muy diversas maneras de estar (de sentirnos, al menos) muertos en vida, solo en ese instante concreto tendr&#xE1; lugar el de-finitivo adi&#xF3;s. Hasta entonces, habr&#xE1; sido el amor, en permanente proceso de aprendizaje, el principal responsable de la compleja relaci&#xF3;n intelectual y emocional que a lo largo del tiempo hayamos podido establecer con cuanto nos rodea. Y Jorge Dot nos ofrece en esta nueva entrega el fruto de su investigaci&#xF3;n en torno a uno de los pilares que, junto al deseo, sostienen tan apasionada y apa-sionante estructura.En el centenar de poemas que integran El placer vamos a en-contrarnos con un amplio repertorio de testimonios que dan fe de las m&#xFA;ltiples razones que por s&#xED; solas se bastan para provocar, aunque sea de manera provisional, esta sorprendente, siempre bienvenida, original, &#xED;ntima e inmensa satisfacci&#xF3;n. Por una parte, como las palabras suelen tropezar y quedar atra-padas en la tupida red de los afectos, parece l&#xF3;gica la desconfianza ante cualquier an&#xE1;lisis de los mismos que contamine lo que no debiera ser sino sacudida directa, fest&#xED;n de los sentidos, puro goce carnal.&#xAB;La realidad del placer / No son los circunloquios del amor / Sino besarte / Y hundirme en ti / Y acariciarte&#xBB;.Pero, por otro lado, Cuando te adentras en la desventura del desen-cuentro, cuando resulta evidente &#xAB;La ingrata amargura de la sepa-raci&#xF3;n / Y la falsa esperanza del amor / Que no regresar&#xE1;&#xBB;, &#xBF;c&#xF3;mo no comenzar a trabajar en el dise&#xF1;o de estrategias que hagan posi-ble levantar una otra &#xAB;realidad&#xBB; que, aunque de muy diferente na-turaleza, pueda tambi&#xE9;n desembocar en un placentero resultado? Jorge Dot, despu&#xE9;s de analizar a fondo la materia aqu&#xED; tratada, ha redactado para nosotros algunas de las medidas alternativas con las que cree posible ponerle fin a tal desasosiego:&#xAB;Suspende el deseo / Y ver&#xE1;s brotar ante ti / La gloria del pla-cer&#xBB;.&#xAB;Imagina la belleza / Y obt&#xE9;n de tu pensamiento /El placer de la contemplaci&#xF3;n&#xBB;.Quiz&#xE1; pueda parecernos un fr&#xE1;gil consuelo el que ofrece este placer que no es consecuencia directa de haber satisfecho un pri-mitivo deseo, pero &#xBF;no supone, realmente, la elaboraci&#xF3;n de todo deseo un derroche de imaginaci&#xF3;n? &#xBF;No lo exige tambi&#xE9;n el objeto sobre el que depositamos nuestro caprichoso entusiasmo, mientras este se mantiene en el tiempo? &#xBF;No es la belleza causa y a la vez efecto de todo deseo? Comparto plenamente con el autor de El placer la convicci&#xF3;n de que la realidad acabar&#xE1; por parecerse a como uno la imagina, si bien no ha de ser tarea f&#xE1;cil para nadie alcanzar con &#xE9;xito un obje-tivo tan ambicioso.&#xAB;Luce en el dolor / El arpa del placer&#xBB;. &#xAB;El dolor de sentirse solo / Solo se compensa / Con el placer de saberse solo /&#xDA;nico&#xBB;.Sabernos &#xFA;nicos es sin duda un requisito fundamental, pero no suficiente argumento con el que alcanzar una vida plenamente satisfactoria. Conviene no olvidar que se trata de una caracter&#xED;sti-ca universal, tanto de quien observa como de todo lo observado. No es sino una particularidad que compartimos hasta con la m&#xE1;s peque&#xF1;a brizna de hierba dentro del misterioso mecanismo que mueve el mundo y para cuyo &#xF3;ptimo engranaje todos y cada uno resultamos piezas fundamentales e insustituibles. Aire, agua, nubes, estrellas, luna, alba, ocaso, &#xE1;lamo, olivo, pa-rra, flores, mies, zarapito, herrerillo, gaviotas... son algunos de los compa&#xF1;eros de viaje que desde la peque&#xF1;a poblaci&#xF3;n de El Olivar vienen a visitar estas p&#xE1;ginas, pero bien podr&#xED;an ser otros, pues no hay nada en la Naturaleza, a juicio del autor, que resulte insignifi-cante o innecesario para gozar y llenar plenamente de sentido nuestra existencia. La verdadera sabidur&#xED;a no consiste en preten-der (in&#xFA;tilmente) descubrir el misterio que envuelve y es la vida, sino confiar y participar en &#xE9;l sin miedo alguno: &#xAB;Las ra&#xED;ces que no vemos / Sostienen el mundo&#xBB;. Todo parece estar incomprensible pero felizmente en conexi&#xF3;n, como se&#xF1;alaba Baudelaire en el so-neto Correspondencias, del que tomo (en versi&#xF3;n de Ana Mar&#xED;a Moix) su primer cuarteto:&#xAB;La Naturaleza es un templo donde vivos pilaresdejan brotar, a veces, palabras confusas;el hombre las cruza entre bosques de s&#xED;mbolosque le observan con ojos familiares.&#xBB;Una familiaridad de la que Dot es sin duda beneficiario, y a la que tan generosamente parece empe&#xF1;ado en sumarnos a trav&#xE9;s de las potentes im&#xE1;genes que, como en este ejemplar haiku, nos ofre-ce: &#xAB;Sobre el olivo / Sola la luna canta / Placer del alba&#xBB;.Le agradezco a mi querido amigo la invitaci&#xF3;n a acompa&#xF1;arle en la presentaci&#xF3;n de sus nuevos poemas, plenamente inspirados todos ellos y acordes con la po&#xE9;tica unamuniana, que siempre exi-ge la m&#xE1;xima profundidad y reciprocidad entre pensamiento y sentimiento.A la espera de futuras entregas (pues soy conocedor de la in-mensa obra que a d&#xED;a de hoy mantiene in&#xE9;dita el autor), prepar&#xE9;-monos ya para disfrutar de &#xE9;sta que hoy pone el azar en nuestras manos, con la total garant&#xED;a de una m&#xE1;s que provechosa y placen-tera lectura.Agust&#xED;n Porras</description></oembed>
