Escribo porque mis fantasías necesitan un lugar donde vivir, y los libros son la casa más hermosa que les he podido aportar.
Para mí, la escritura es una forma de vida. Yo me dedico a escribir y, en mi tiempo libre, voy a un almacén, ocho horas al día.
Hace unos años, mi primera novela: Dorel el Triste y la historia olvidada. Vio la luz humildemente, dando a conocer unas cualidades todavía primerizas y sin curtir. En mi siguiente trabajo, se verá a un autor mucho más desarrollado y mejorado. Creo sinceramente que el siguiente libro agradará bastante al público.
Se me cataloga como un autor de fantasía. La gente cree que la fantasía solo es un lugar evocado y lejano, pero pensar en eso se trata de un gran error.
Todo lo que nos rodea es fantasía, las sillas sobre las que nos sentamos, fueron las fantasías que tuvo alguien alguna vez, las casa en las que vivimos,
también, los libros, las películas, la ropa que nos viste… todo son los sueños que alguien soñó alguna vez. Ellos nos rodean y forman el mundo que tenemos. Incluso tú, que ahora deslizas tus ojos sobre estas líneas, eres la fantasía que tuvieron tus padres un día.
Mis libros hablan de dioses, ángeles, demonios y hombres que combaten por hacerse con el mundo. También de amor y desamor, siempre girando alrededor de un beso.
Mis historias siempre hablan de los prejuicios sociales y de las ideologías humanas, motores de este planeta en que vivimos y que siempre se impulsan a través de cosas inexistentes como las religiones, las políticas, la envidia o la codicia. Todos, ideales a los que les otorgamos el poder de existir y de anularnos si no los mantenemos bajo control.
Siempre he dicho que lo más fantasioso que tienen mis historias es que mis personajes abordan con naturalidad temas o conversaciones que, en el mundo real, tienen mucha tendencia a levantar ampollas y crear divisiones. Mi
deber, como humilde representante del mundo cultural, es plantearlas a la sociedad con la finalidad de que, con el tiempo, consigamos un mejor entendimiento.
Yo solo escribo. Y otras personas solo leen.
Formamos parte de un ecosistema literario.
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