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25/09/2025. Publicado por Lucía Otero Rodríguez

JEDEM DAS SEINE




¿Muro o puerta?
espaldas y sacos, cazuelas al aire, tripas vacías,
ni alondras, ni ranas, ni mariposas.

 

¿Muro o puerta?
hombres que conversan, mujeres que se abrazan,
cometas que despliegan sus alas,
telas que bailan al sol,
un pueblo que canta al amanecer.

¿Muro o puerta?
misiles, granadas, piedras, ladrillos,
un sol implacable,
cables, olivos retorcidos, zapatos, escombros,
eco lejano de sirenas,
drones que zumban en el cielo.

 

¿Muro o puerta?
agua, hierba, montañas,
campos de trigo, sarmientos,
amapolas y anémonas,
naranjas y dátiles,
palmeras.

 

¿Muro o puerta?
aquella cuestión judía hoy arrasa
los campos de trigo,
los olivos, las casas blancas,
las sombras y los refugios.

Manos que suplican al cielo

un cielo que no responde

mientras la tierra entierra.

 

Construiste el muro y olvidaste la puerta.
Pero yo te la recuerdo
Jedem das Seine.

Es un genocidio.

 

En la puerta del campo de concentración de Buchenwald en Alemania una frase aparecía forjada en hierro, colocada del lado interior de la puerta, de manera que eran los presos quienes la leían cada día al salir a los trabajos forzados, en los que miles de judíos trabajaron hasta la extenuación: Jedem das Seine “ A cada uno lo que se merece”.